Lo que aprendí en el PARLACEN sobre la distancia entre una firma y sus consecuencias

Lo que un empresario aprendió sobre la distancia entre una decisión pública y sus consecuencias económicas como Diputado Suplente al PARLACEN.

Imagen ilustrativa generada con IA: mesa de reuniones con documentos firmados y una pluma, con una planta industrial junto a la costa al fondo

En 2017 fui electo Diputado Suplente al Parlamento Centroamericano, el PARLACEN, cargo cuyo período concluyó en enero de 2026. Durante esos años tuve la oportunidad de ver, desde un ángulo distinto al que normalmente ocupa un empresario, cómo se toman las decisiones que terminan afectando a quienes producimos, invertimos y contratamos personas.

Si algo me quedó claro de esa experiencia es que existe una distancia considerable entre una decisión pública y sus consecuencias económicas reales. Y esa distancia, cuando no se cierra, termina costándole al país oportunidades que no siempre son visibles hasta que ya es tarde.

Una regulación pequeña desde un escritorio

Mi experiencia en el PARLACEN me permitió observar algo que, desde la perspectiva exclusivamente empresarial, es difícil de ver con la misma claridad: una regulación que puede parecer pequeña o técnica desde un escritorio legislativo puede significar inversiones, empleos o exportaciones concretas para una empresa específica.

Cuando uno dirige una fábrica o un desarrollo inmobiliario, vive el día a día de cumplir regulaciones, pagar impuestos y ajustar operaciones a marcos legales que cambian. Pero rara vez se tiene visibilidad de cómo se discute y se decide esa regulación antes de que llegue a la empresa. Ver ese proceso desde adentro me reafirmó algo que sospechaba, pero que ahora puedo decir con conocimiento directo: el sector público y el sector privado tienen que comunicarse mucho más de lo que lo hacen hoy.

Reglas previsibles, no solo buenas intenciones

Generar inversión y empleo requiere, sobre todo, reglas previsibles. Un empresario puede adaptarse a casi cualquier marco regulatorio, siempre que ese marco sea estable y conocido con anticipación. Lo que realmente paraliza la inversión no es necesariamente una regulación estricta, sino la incertidumbre sobre si esa regulación cambiará de un año a otro sin aviso.

Comprender cómo las decisiones públicas terminan afectando a quienes producen, invierten y contratan personas no es un ejercicio académico. Es, literalmente, la diferencia entre que una empresa decida ampliar su planta en Honduras o decida hacerlo en otro país de la región con reglas más predecibles.

Lo que Honduras necesita para atraer más inversión industrial

Honduras tiene ventajas naturales que muchos países envidiarían: ubicación estratégica, acceso marítimo, proximidad a Estados Unidos y México, y una fuerza laboral importante. El problema no es la falta de ventajas; es que esas ventajas naturales todavía no se han convertido en ventajas competitivas reales.

Para lograrlo, necesitamos energía competitiva, seguridad jurídica, infraestructura adecuada, simplificación administrativa, financiamiento de largo plazo y una diplomacia comercial que salga activamente a buscar mercados y a defender a nuestros exportadores. El empresario puede competir contra otra empresa sin mayor problema; lo que resulta mucho más difícil es competir contra las ineficiencias estructurales de su propio país.

El papel que deberían jugar las cámaras y los gremios

Una conclusión que me llevo de mi paso por el PARLACEN es que las cámaras y los gremios empresariales no deberían limitarse a reaccionar cuando ya apareció un problema. Deberían participar activamente en la construcción de una agenda nacional de competitividad, anticipándose a las discusiones en lugar de responder a ellas después de que ya se tomaron decisiones.

Honduras necesita una presencia empresarial más activa en sus principales mercados, particularmente Estados Unidos y México, trabajando conjuntamente con el Gobierno para abrir oportunidades, eliminar obstáculos y defender exportaciones. El desarrollo económico no puede ser responsabilidad exclusiva del Gobierno, ni tampoco exclusivamente del empresario individual. Tiene que existir una cooperación deliberada y sostenida entre ambos sectores, y esa cooperación es precisamente lo que mi experiencia en el PARLACEN me convenció que todavía falta construir.

Una mirada que llevo de vuelta a mis empresas

Termine o no mi relación formal con el PARLACEN, lo que aprendí ahí ya forma parte de cómo dirijo mis empresas y de cómo participo en la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, de la que soy miembro desde 1998. Entender la distancia entre una decisión pública y sus consecuencias económicas me ha hecho un empresario más consciente de que ninguna empresa opera en el vacío: siempre está, de alguna manera, en conversación con el marco legal y regulatorio que la rodea.

Mi convicción, después de esos años, es que Honduras no necesita elegir entre un sector público fuerte o un sector privado fuerte. Necesita que ambos aprendan a hablar el mismo idioma, con la suficiente antelación como para que las decisiones públicas se tomen sabiendo exactamente qué consecuencias económicas tendrán sobre el terreno.

Si lideras una organización gremial o una cámara de comercio y quieres conversar sobre cómo construir esa agenda de competitividad, con gusto compartimos esta experiencia.