El profesor de INCAE que le dio nombre a una de mis empresas

La historia detrás del nombre de Inversiones Estratégicas: cómo un profesor de finanzas de INCAE marcó la forma en que un empresario hondureño decide.

Imagen ilustrativa generada con IA: escritorio de profesor con un libro de finanzas abierto, un cuaderno y una pluma

En 1995 fundé una empresa dedicada a la fabricación y exportación de bolsas plásticas, y la llamé Inversiones Estratégicas S.A. Pocas personas que conocen el nombre saben que no lo elegí por sonar bien en un membrete corporativo. Lo tomé, de manera bastante directa, del título de un libro que marcó mi forma de pensar las finanzas y los negocios: el texto de mi profesor de Finanzas en INCAE, el doctor Nicolás Marín.

Esa decisión, que a primera vista parece un detalle menor, en realidad resume bastante bien lo que significó para mí pasar por INCAE después de haber estudiado en Zamorano.

Zamorano: aprender haciendo

Antes de INCAE estuvo Zamorano, y esa formación me dejó una filosofía que he aplicado durante toda mi vida profesional: aprender haciendo. La Escuela Agrícola Panamericana enseña disciplina, trabajo, productividad y una relación muy directa entre esfuerzo y resultado, algo que solo se interioriza pasando largas horas en el campo, no leyendo sobre ello.

Aunque mi carrera empresarial se desarrolló principalmente fuera de la agricultura, esa formación práctica nunca me abandonó. Todavía hoy, cuando visito una fábrica o una construcción, me gusta entender cómo funciona el proceso en el terreno. No me basta únicamente con mirar un estado financiero; necesito ver la operación con mis propios ojos.

INCAE: una presión académica distinta

INCAE fue una experiencia muy diferente a Zamorano. Es una institución intensamente competitiva, que reúne personas con mucha capacidad y las somete a una presión académica considerable. Ahí uno aprende a prepararse, a analizar con rigor y a competir por conocimiento frente a compañeros igualmente exigentes consigo mismos.

Fue en ese entorno donde tuve la fortuna de ser alumno del doctor Nicolás Marín, profesor de Finanzas en INCAE y formado en Harvard. Su enseñanza me ayudó a comprender las finanzas no como una disciplina de cálculo abstracto, sino como una herramienta concreta para tomar decisiones empresariales reales.

El libro que se convirtió en manual de vida

Uno de los libros del doctor Marín se titulaba precisamente Inversiones Estratégicas. Ese concepto tuvo tanta influencia sobre mí que, años después, cuando tuve que ponerle nombre a una nueva empresa dedicada a la fabricación y exportación de bolsas plásticas, no dudé en usarlo.

Ese libro se convirtió para mí casi en un manual de cabecera, porque al final, un empresario pasa buena parte de su vida haciendo exactamente eso: decidiendo dónde colocar recursos limitados entre oportunidades que siempre implican algún grado de riesgo. No existe una decisión empresarial libre de riesgo; existe, eso sí, la posibilidad de analizarlo con más o menos rigor antes de comprometerse.

Las finanzas como herramienta de decisión, no de adorno

Muchos empresarios jóvenes ven las finanzas como un departamento, una función administrativa que se encarga de llevar los números en orden. Lo que aprendí en INCAE, y lo que el doctor Marín me enseñó de manera particular, es que las finanzas bien entendidas son, sobre todo, una herramienta de decisión.

Cada vez que evalúo un nuevo proyecto —ya sea en manufactura o en bienes raíces— vuelvo mentalmente a esos principios: ¿cuál es el costo real de oportunidad de este capital? ¿Qué escenarios de riesgo estoy asumiendo? ¿El plazo del financiamiento corresponde al plazo del proyecto? Son preguntas que parecen simples, pero que exigen la misma disciplina analítica que aprendí sentado en un salón de clases en Alajuela, Costa Rica, hace más de tres décadas.

Un nombre que es, en el fondo, una promesa

Treinta años después de fundar Inversiones Estratégicas S.A., sigo pensando que pocas decisiones de nombramiento de empresa reflejan tan bien una filosofía de trabajo como esa. No fue un nombre pensado para sonar atractivo en una tarjeta de presentación; fue, en esencia, una promesa que me hice a mí mismo de tomar cada decisión de inversión con el rigor que un profesor exigente me enseñó a aplicar.

Zamorano me dio las manos para trabajar y la disciplina del esfuerzo directo. INCAE me dio la mente para analizar y decidir con criterio financiero. Juntas, esas dos formaciones —una práctica, otra analítica— han sido la base sobre la cual construí cada empresa que dirijo hoy.

Si estás formándote como empresario y quieres conversar sobre cómo combinar disciplina práctica con rigor financiero, con gusto compartimos esa experiencia.